De acuerdo al autor, de la fuente de la presente nota, quien considera que de acuerdo a que el procedimiento de licitación es ampliamente aceptado, casi por unanimidad, en los diferentes países, quienes a través de sus administraciones tienen a bien realizar este procedimiento para las contrataciones de bienes o servicios.
Por lo anterior, es natural creer en múltiples y diversas ventajas que tiene un procedimiento de licitación frente a otras formas de contratación; y así es, en efecto.
Con la licitación se busca, ante todo, sanear la Administración, evitando colusiones fraudulentas entre los funcionarios encargados de celebrar los contratos que requiere el funcionamiento de los servicios públicos, y los particulares interesados. Ya que es la Administración la obligada a adjudicar la licitación al proponente que ha ofertado condiciones más ventajosas, el margen de libre elección de los funcionarios queda de tal modo restringido, que resulta imposible prácticamente entrar en combinaciones con terceros.
Además, provocando la concurrencia entre los interesados en celebrar el contrato, obliga a éstos a reducir los precios al mínimo posible. Se evita, así, que por favoritismo, interés o retribuciones pecuniarias, se formalicen contratos desventajosos, con el consiguiente perjuicio para el Estado.